La novela policíaca o novela detectivesca es una clase de textos o género literario dentro de la novela, que es a su vez un género de la épica o narrativa. Su principal móvil lo constituye la resolución de un caso. Por tanto, se trata de una estructura novelística cerrada. El protagonista, un policía o detective, resuelve el caso usando la razón (siglos XVIII – XIX), basándose en la indagación y observación, o usando la intuición , los sentimientos y la deducción (siglos XX – XXI).

 

Entre los antecedentes que dieron origen a este tipo de escrito se encuentran otras manifestaciones literarias como la novela gótica o de horror (siglo XVIII), que desarrolla dos tipos: una novela con hechos de horror, como El Monje (1796) de Matthew Lewis y otra con hechos de misterio como Frankenstein (1818) de Mary Shelley. Estos tipos de novela aportaron al género policíaco el carácter racional, ya que en ellas los misterios siempre tenían una explicación lógica al final del relato. Otra manifestación literaria que influyó en el género fue la novela de aventuras, que era un relato extenso donde el protagonista sufría numerosas peripecias, para llegar al final de un difícil viaje. Su protagonista es un héroe que representa al ser humano como debería ser, un hombre lleno de virtudes.

 

Un antecedente histórico importante para el desarrollo de este tipo de novela fue la creación de la institución policial en Prusia (1822) y luego en Londres (1829), con la Policía Metropolitana en Scotland Yard. En esos años también se prohibió la tortura para la confesión de los criminales y comenzó a buscarse indicios para que un sospechoso confesara su culpabilidad.

 

Características

Durante el siglo XIX, el detective de estas novelas hizo triunfar la razón por sobre todo, además de demostrar la seguridad y tranquilidad de poseer el mundo. La figura del detective privado nace como una crítica a la policía institucional del estado, ya que se consideraba que había fracasado con sus responsabilidades.

 

La novela policíaca se acerca a la naturaleza humana de una manera mucho más cruda que otros géneros, mostrando la parte amarga tanto de las personas como de las sociedades. El detective, que empezó siendo un personaje burgués, elegante y ocioso (novela policíaca inglesa), fue evolucionando hacia el tipo duro que buceaba en la inmundicia de su tiempo (novela policíaca estadounidense o novela negra). Mientras al principio sólo se mostraban los hechos y las investigaciones del detective, luego se fue poniendo mayor énfasis en la vida y motivaciones del delincuente y las raíces socioculturales de la delincuencia.

 

La novela negra evolucionó y se vulgarizó gracias a su éxito en colecciones populares hacia el subgénero del thriller, donde se mezcla de novela policíacas y la novela fantástica.

 

Antecedentes

Aunque el género tiene muy antiguos precedentes , la tragedia de Sófocles Edipo Rey, o la novela picaresca, o la biografía de criminales, o los libros de causas célebres), el género es fundamentalmente tan moderno como la misma literatura de ciencia-ficción y se desarrolló fundamentalmente durante los siglos XIX y XX; en sus inicios fue calificada como “literatura barata” o “subliteratura” porque el crimen era de por sí un tema antiestético y no había trasfondo moral ni artístico.

Entre los antecedentes que dieron origen a este tipo de escrito se encuentran otras manifestaciones literarias como la novela gótica o de horror (siglo XVIII), que deasarrolla dos tipos: una novela con hechos de horror, como El Monje (1796) de Matthew Lewis y otra con hechos de misterio como Frankenstein (1818) de Mary Shelley. Estos tipos de novela aportaron al género policíaco el carácter racional, ya que en ellas los misterios siempre tenían una explicación lógica al final del relato. Otra manifestación literaria que influyó en el género fue la novela de aventuras, que era un relato extenso donde el protagonista sufría numerosas peripecias, para llegar al final de un difícil viaje. Su protagonista es un héroe que representa al ser humano como debería ser, un hombre lleno de virtudes.

 

Un antecedente histórico importante para el desarrollo de este tipo de novela fue la creación de la institución policial en Prusia (1822) y luego en Londres (1829), con la Policía Metropolitana en Scotland Yard. En esos años también se prohibió la tortura para la confesión de los criminales y comenzó a buscarse indicios para que un sospechoso confesara su culpabilidad.

 

Orígenes y padres del género

 

El origen de la novela criminal o de misterio tiene una fecha concreta. En 1844, Søren Kierkegaard publica El concepto de angustia, e inmediatamente después ve la luz El cuervo, de Edgar Allan Poe. No hay una coincidencia fruto de la casualidad. Hay un estrecho margen de tiempo, más bien, en el que la causalidad hace su trabajo. ¿Por qué aparece la novela policíaca? Es el miedo, la “filosofía de la angustia” o “de la inseguridad” de la que habla Kierkegaard,[1] quien reina en el alma de la gente. En una época convulsa aparece la neurosis de la sociedad industrial. Algunos autores aprovecharán incluso este hecho para opinar sobre el origen social de la novela policíaca desde un enfoque marxista.

 

Más allá de proyecciones de teorías políticas, lo que parece seguro es que el hombre decimonónico estaba necesitado de este género, como lo estamos ahora. En cierta manera todo encaja con la definición de Thomas Narcejac:

 

“La novela policíaca -dice- es un relato donde el razonamiento crea el temor que se encargará luego de aliviar”.

Si leemos novela de misterio es porque sabemos que la vida es algo impredecible. Necesitamos ver cómo se restablecen el orden social y nuestra fe en la justicia, todo ello mediante el caminar exacto de la investigación racional. Estamos carentes de esa confianza de la que hablábamos al principio, lo que nos lleva a pedir a gritos ocultas intrigas que se revelen gracias a la inteligencia. Es de nuevo Narcejac quien opina sobre este hecho:

 

«Claude Bernard anunciaba a Edgar Poe. La investigación polarizaba toda la atención. Pasó a ser la aventura por excelencia, el gesto del espíritu que lleva la antorcha al corazón de las tinieblas. Bastaría con que el investigador fuera un detective y el misterio adquiriera la forma de complot para que naciera la novela policíaca.»

«La deducción aparecía como la ambiciosa voluntad de la inteligencia que pretendía prescindir de la experiencia» “Le roman policier”, 1958.[2]

 

Puede decirse que el creador de la novela policíaca es el estadounidense Edgar Allan Poe, en sus cuentos Los crímenes de la calle Morgue (1841), El misterio de Marie Rogêt (1842-1843), La carta robada (1844) y El escarabajo de oro (1843). Los tres primeros fueron protagonizadas por Auguste Dupin, el primer detective de ficción, que sirvió de modelo a uno de los personajes arquetípicos del género, el detective Sherlock Holmes de Sir Arthur Conan Doyle, quien considera dos aspectos al resolver un crimen: se fundamenta en deducciones y se obliga a no adivinar nada. Finalmente llega a conclusiones razonadas, como una máquina lógica perfecta. Doyle, junto a Agatha Christie y otros autores, llevaron el género a su madurez formando la llamada escuela inglesa de novela policíaca, caracterizada por un desarrollo casi matemático de la trama, centrada en la resolución del enigma a través de pistas y piezas que deben encajarse, fórmula intelectualizada y psicológica en sus mejores momentos que es desenvuelta casi siempre en espacios interiores y en estratos sociales de clase alta. Entre los ingleses merece también citarse a Wilkie Collins quien, con La piedra lunar (The Moonstone, 1868) es cosiderado como uno de los precursores del género (T. S. Eliot).

 

La escuela estadounidense de novela policíaca, por el contrario, formada principalmente por Dashiell Hammett, Raymond Chandler y Jim Thompson, criticó el escaso realismo de esas novelas y dejó en segundo lugar la importancia del enigma y lo subordinó a la suspensión, siempre con el fin de subrayar los aspectos sociales del crimen y la denuncia de una sociedad corrupta, contribuyendo a crear la llamada novela negra, de ambientación urbana y callejera y donde se devuelve el crimen a la calle y a los ambientes miserables donde más se suele cometer, de forma que se cuestionen los valores éticos y materialistas de la sociedad capitalista de consumo como responsable en última instancia del crimen. Gracias al detective de la historia se resuelven Las enigmas de la historia.